
Una alimentación equilibrada y suficiente calcio puede ayudar a preservar la salud ósea mientras el organismo atraviesa los cambios propios del envejecimiento.
A partir de los 40 años, prestar atención a la alimentación adquiere una importancia especial, particularmente cuando se trata de proteger los huesos. Aunque la pérdida de densidad ósea se produce de manera progresiva con la edad, mantener un consumo adecuado de calcio puede contribuir a conservar una estructura ósea fuerte y reducir factores asociados con la fragilidad.
El calcio es el mineral más abundante del organismo y cumple un papel fundamental en la formación y mantenimiento de huesos y dientes. Además, interviene en funciones esenciales relacionadas con los músculos, los nervios y el corazón. Cuando la alimentación no aporta suficiente calcio, el organismo puede recurrir a las reservas almacenadas en los huesos, lo que con el tiempo puede favorecer su debilitamiento.
Para los adultos de 19 a 50 años, la recomendación general es de unos 1.000 miligramos de calcio al día. Después de los 50 años, las necesidades aumentan para las mujeres hasta 1.200 miligramos diarios, mientras que los hombres mantienen 1.000 miligramos entre los 51 y 70 años.
Los especialistas también destacan la importancia de la vitamina D, ya que ayuda al organismo a absorber el calcio. Leche, yogur, queso, algunos pescados, vegetales de hojas verdes y alimentos fortificados pueden formar parte de una alimentación orientada a proteger la salud ósea. Los suplementos, en cambio, deben utilizarse con orientación profesional y no como sustituto automático de una dieta equilibrada.
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