
A dos meses de los terremotos del 24 de junio, La Guaira intenta recuperar poco a poco su actividad turística, mientras continúan las labores de remoción de escombros y recuperación de cuerpos en las zonas más afectadas.
En Macuto, algunos habitantes y visitantes comienzan a regresar a las playas. Niños juegan en el mar, pescadores recorren la costa y grupos de amigos se reúnen en la arena, aunque el ambiente dista del movimiento habitual que caracterizaba a estos espacios antes de la tragedia.
En el sector La Quince Letras, a lo largo de la avenida José María España, las huellas del desastre aún son visibles. El terreno donde se encontraban las Residencias Militares permanece despejado tras la demolición de las estructuras, mientras maquinaria y trabajadores continúan interviniendo otros puntos afectados.
La situación es especialmente evidente en Caraballeda, donde permanece la llamada «zona cero». Allí predominan los sonidos de los taladros y las labores de remoción de escombros. A lo largo del litoral, clubes, restaurantes, estadios y otros espacios de entretenimiento continúan ocupados por campamentos militares y organizaciones humanitarias.
Pese a este panorama, los trabajadores del sector turístico reclaman la necesidad de reactivar sus actividades, debido a que esta industria representa una fuente fundamental de ingresos para numerosas familias de La Guaira.
El estado, que durante años funcionó como uno de los principales destinos de escape para los habitantes de Caracas, enfrenta ahora el desafío de recuperar su actividad económica y turística. Mientras las labores de reconstrucción avanzan, la vida cotidiana comienza a retomarse lentamente, aunque marcada por un ambiente más silencioso y por las secuelas que dejaron los terremotos.
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